jueves, septiembre 24, 2020

A la niña que llevamos dentro.

 

                                                            Ilustración Nicoletta Ceccoli





A la niña que llevamos dentro. No dejéis nunca de cuidarla.



Era tan pequeña que me daba miedo abrazarla.

Sin embargo, ella se moría por hacerlo.

Tan diminuta… tan inocente...tan poquita cosa…. que languidecía por momentos cuando la desatendía.

Me brindaba su mano. Y yo la rechazaba.

Cuando me miraba con sus ojos acuosos pidiendo una palabra de ahínco la ignoraba.

Jugaba sola en aquel parque sembrado de margaritas.

Se dormía cantando una nana en las noches frías.

Y abrigándose con sus manos pequeñas suspiraba al viento mi nombre.

A veces, una lágrima impotente resbalaba por sus mejillas rosadas.

Pero nunca se rendía. Era quien de oler la fragancia de una flor en su jardín y después depositarla con sumo cuidado en mi mente alborotada.

Cada día que pasaba era más insignificante para mí.

Pero ella tenía una estrategia.

Paró de observarme. Cortó las flores del jardín. Comenzó a rezarle a la lluvia. Cerró la puerta a su mundo.

Y comenzó a anidar el desasosiego en mis ojos.

Me volví inconsciente, también apesadumbrada e inexpresiva.

Mi piel se tornó ajada y desapareció la sonrisa con el primer verano.

Empezó a gestarse en mí una tristeza insoportable.

Aunque ella era inteligente y la llave que daba acceso a su mundo la depositó muy cerca de mi corazón.

Entonces recordé dónde la había puesto.

Me armé de valor. Bajé a las profundidades sumergiéndome en las venas hasta llegar a mi destino.

La agarré y la giré despacio, pero concienzudamente. Y allí estaba ella.

No la recordaba tan hermosa, ni con esos ojos grandes y acastañados.

Tampoco con esa sonrisa que iluminaba hasta la flor más ínfima.

Se echó en mis brazos plenamente confiada. Y entonces le juré que jamás la dejaría sola.

Ahora en nuestro jardín no solo crecen margaritas, también azucenas y pensamientos, orquídeas y calas, rosas de todos los colores.

Y aunque el invierno venga frío y desangelado siempre podemos hacer una hoguera y calentarnos juntas.





viernes, septiembre 11, 2020

gustáballe recoller azaleas



                                                                 Imaxe sacada de web

gustáballe recoller azaleas

brancas azuis rosas

mimábaas con mesura

mentres ía esfollando as flores



despois enchía a boca con elas

e sopraba enérxicamente

deixando caer cun veo multicolor

os pétalos no aire recén perfumado



era un ilusionista


jueves, septiembre 10, 2020

na certeza

 Imaxe de "El Principito"

 

na certeza de que nada nos pertence
na búsqueda dunga lagoa
que bañe a nudez rota
atrapo o último vestixio
da túa memoria.

Mariola Hermida.

 

 

 

 



martes, octubre 15, 2019

Dejamos atrás nuestras vidas

                                                           Imagen sacada de la web

 
 
 
Dejamos atrás nuestras casas y nuestos sueños volaron a un lugar mágico. Año nuevo, vida nueva. Y así fue como rehicimos el camino de vuelta a casa. Cargados de amor, con la maleta vacía y el alma llena. En aquel momento no sabíamos que con orden y medida pasará bien la vida. Y se fue haciendo hueco en nuestras manos una hermosa existencia ausente de tristeza. Tú tenías la culpa de todo, de toda la locura del querer, y sin saber nos arrastrabas hacia ti. Bien predica quien bien vive y tus consejos se sucedían despacio, lentamente se enlazaban en los pasos e íbamos aceptando el destino dibujando en él una enorme sonrisa. Sí, tú eras el culpable de toda la locura del querer. Y fue germinando en nosotros la tierra, abonando los días con los tréboles que crecían en las plantas del jardín. Fue manando la esperanza como una buganvilla rosa que trepaba por nuestras piernas hasta el corazón. Y fuimos queriéndote cada día un poco más, a nuestro ritmo. Mientras tú, ajeno a nuestros pensamientos, sólo buscabas dar desde dentro, sin hacer apenas ruido. Así fue, como un buen día la calandria visitó tu ventana, y te fuiste pausado y sosegado, lleno de luz , alzándote por encima de los abedules blancos. Porque como se vive se muere.



 
 



martes, agosto 13, 2019

Estoy seca...



                                                      Imagen sacada de Internet





“Estoy seca. No siento ni padezco. Mi cara se desdibuja por momentos. Quizás sea por tanta presión".

A veces no recordaba sus pasos. Y caminaba a la espera de algo importante. Algo que le devolviese la alegría de vivir. Echaba en falta aquel horizonte encarnado donde la vida ponía su pijama y se acostaba soñando encima de las nubes sonrosadas. O aquellos álamos tarareando una nana cuando pasaba cerca de ellos. También el aroma a café recién hecho con tostadas de arándanos. ...Sabría descifrar de nuevo los códigos de la risa o los besos depositados en una mejilla aterciopelada?
Quizás nunca lo sabría.
“Hace calor, no puedo pensar con tanta calor. Me escuecen los pies. Se me agrietan los labios. Y este olor penetrante del azufre”.


 

martes, julio 16, 2019

No quería morder la manzana






                                                         Ilustración Nicoletta Ceccoli






No quería morder la manzana. Sólo de imaginármela mi boca comenzaba a salivar abundantemente. Sabía el final del cuento. Y aún así cada día estaba más tentada de probar su carne blanca. Imaginaba el estallido que se produciría en mis dientes al morderla, la frescura  con que su jugo se deslizaría garganta abajo, cosquilleándome en el estómago. Tendría que buscar una nueva excusa para no caer en la tentación.
Saldría al bosque como cada mañana. Recolectaría setas. Obviaría la manzana que cada día me ofrecía la  malvada bruja. Olvidaría  también que hoy su cuerpo era masculino y fuerte, vigoroso, de ojos grandes y sonrisa embaucadora. Aunque quizá- solamente  por esta vez- podría darle un pequeño mordisco.  Y quizás mi cuerpo comenzaría a girar endemoniadamente, convirtiéndome en la portadora de manzanas silvestres. Y tal vez, él no se podría contener y mordería la fruta madura.  Justo en aquel momento donde su cuerpo estallaría en mil pedazos cubriéndome la cara de plumas y ceniza.


domingo, junio 30, 2019

Dous





 
                                                             Ilustración Nicoletta Ceccoli






abrazarte nese tempo
acollerte baixo o mundo
roto
e bicarte nos ollos na fronte
nese espazo onde se producen
todos os desencontros
todas as ausencias









 



                                                          

Un

                                                           Fotografía- Mariola Hermida



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traspasar ese tropezo infranqueábel
e mergullarse no entrego
cando só éramos










jueves, junio 27, 2019

TIC TAC




                                                        Sirenas- Nicoletta Ceccoli



TIC TAC
Deitada na area fina contemplando as ondas como rachan nas arelas. O seu canto faina vulnerábel e abre feridas que permanecían durmidas. Máis o sol é xeneroso e está sempre disposto a agasallarlle cunha bafarada de optimismo caldeando eses pesares. O mar aquieta a mente por intres. Pensa noutros tempos, voa cara a un pasado adormecido. Navega enriba dun golfiño nos anos novos. Vístese de serea na xuventude que brinca enriba dos seus cabelos ensortixados. Abrangue a vi...da no corpo do seu amado ollando cara a un horizonte roibo. Abre os brazos para protexer ao seu meniño nas ondas que se deslizan sinuosas bicando os pés espidos. Alcanza a madurez no crepúsculo mentres se volve a recostar noutra area dourada fitando agora cos seus ollos vidrosos a un mar embravecido que levou no seu leito aquel corpo pequeno. E canta co seu pelo canoso ás princesas do mar para que sigan acollendo au seu fillo para sempre.



 

jueves, febrero 14, 2019

fomos árbores

 
                                                  Imaxe sacada da web
fomos árbores
na espera dun vento
que nos abanease as pólas

fomos auga
na procura
dun océano de ideas

fomos lume
na busca
dun sol farturento

fomos airexa
na espera  na procura
na busca dun igual

e mentres peneirábamos
o apetito incansable da vida
recorríamos as distancias
na terra  no aire  no mar
nas chamaradas que incenciaban
o sustento do noso amor